The visit (M. Night Shyamalan, 2015)

Imagina que tienes 15 años. Ahora, que tu madre te envía junto a tu hermano menor de visita a casa de tus abuelos, a los que nunca has visto porque ella huyó de su hogar hace 20. Llevas tu cámara de vídeo portátil porque aprovecharás el viaje para realizar un trabajo escolar, y decides documentar todo el paseo, desde tu salida de casa hasta el regreso cinco días después.

La visita, película escrita y dirigida por M. Night Shyamalan (conocido por El sexto sentido y Señales) es una película que bajo el formato de falso documental combina la confrontación de un par de adolescentes con el pasado de su madre con el suspenso que provoca ir descubriendo día a día distintos aspectos de la personalidad de sus abuelos, que juntándolos como piezas de rompecabezas, terminan preparando el platillo perfecto para un thriller con un final inesperado, que te tendrá al filo de la butaca (si te contuviste de leer alguna reseña que no haya tenido reparo en develarlo).

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Si bien la trama su primera media hora podría hacerte preguntar qué estás haciendo delante de la pantalla, si consigues salvar tal escollo y “comprar la historia”, lo demás será transitar una autopista cada minuto a mayor velocidad. El genuino encanto de Olivia DeJonge, apoyado de las buenas interpretaciones de los abuelos (Peter McRobbie y Deanna Dunagan) más el humor involuntario que en varias escenas agrega Ed Oxenbould, ofrecen en su conjunto 90 minutos de conflicto, angustia y emoción, tras los cuales probablemente decidirás llamar a tu ser querido más cercano para decirle cuanto le quieres si no lo has hecho últimamente.

Y de pronto, el caleidoscopio giró

Estás en la plenitud de tu vida, haciendo lo que disfrutas, y más que eso: viviendo de ello. Aún con lo tortuoso del camino hasta llegar a la cima, lo conseguiste, a golpe de dedicación, esfuerzo, sacrificios. Llegas cansado, pero eso te permite gozarlo con mayor ahínco. Si fuera fácil, todos lo hicieran, te dices, permitiendo incluso que la vanidad por los logros alcanzados circule por tu sangre: lo mereces.

Y de pronto, como el rayo fulminante que parte el cielo en dos, la tragedia. Sabías que podría pasar, pero no es lo mismo a sentirla maniatando tu mano, dificultando tus movimientos, atosigando tu memoria. Mucho menos verla reflejada en el resultado de un diagnóstico, impreso en un papel. Desearías jamás haber aprendido a leer con tal de no cruzar tus ojos, 25 años después, con las crueles palabras que marcan tu destino por el resto de la vida. ¿Qué hacer? ¿Cómo encarar el futuro y mantener intacta la dignidad?

Lo anterior es el conflicto que plantea SAUDADE, y que consigue condensar con fuerte vehemencia en poco más de seis minutos. No necesita más. Las interpretaciones, conjeturas, veredictos y hasta proyecciones correrán por cuenta de cada espectador. Como debe ser en el buen cine, aquel que expone con una mezcla de crudeza y ternura la vida misma, que así como es la de los protagonistas puede ser la tuya, la de tu padre o vecino, la de tus hijos.

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SAUDADE es además el proyecto de tesis de un grupo de estudiantes universitarios. Más puedo decir -me consta de primera mano- que eso quedará con el tiempo como una anécdota, pues desde el guion hasta cada uno de los elementos que están aglutinando alrededor de su desarrollo llevan un esmero y seriedad a la altura de cualquier cortometraje profesional. Miento: éste no será un “cualquier” más entre los centenares, miles quizás que se filman cada año. Y no lo digo aventuradamente. Grabarán con equipo de la productora más importante en México y de enorme reconocimiento en EUA y AL; participarán tres actores profesionales y con experiencia en teatro, cine y tv; las locaciones conseguidas son las indicadas para propiciar la atmósfera necesaria que requiere la historia; colaboran en la parte técnica un cinefotógrafo con 20 años de experiencia, miembro de la Academia de Cine Española y de la Asociación Española de Cinematografía AEC, así como un Licenciado en Composición en la Escuela Superior de Música del INBA y 15 años de experiencia en edición de diseño sonoro, por lo que la experiencia audiovisual resultante será de altísima calidad, la que amerita lo intenso y provocador de la historia.

Y como en este mundo las cosas cuestan, paralelo al esfuerzo que harán ellos y sus familias por aportar una cantidad económica que solvente los gastos, recurrieron a Fondeadora para recaudar otro tanto que les permita ejecutar el proyecto sin contratiempos. Hasta el momento de redactar estas líneas ha conseguido $31,714 de los $50,000 necesarios para alcanzar la meta. Buena parte de los aportes son de la familia y círculo cercano, pero falta ampliar el espectro de colaboradores, los suficientes para, con aportes menores, conseguir los $19,000 restantes. Hay diversas recompensas para quienes se animen a fondear, menciono un par: a partir de $300 podrás contar con acceso para ver el cortometraje en línea después de su Premier de exhibición. A partir de $1,000 serás invitado a la premier pero además, si tu fondeo es antes del 18 de febrero y vives en el DF,  recibirás una invitación a participar como extra para la filmación de un segmento del cortometraje. ¿Suena bien, no crees? ¿Cuánto gastas en una ida al cine? Si inviertes $300 tienes garantizado disfrutar de una pequeña y exclusiva función en tu hogar, además de la satisfacción de incentivar la creación de los futuros cineastas del país.

Te comparto el link del fondeo: https://fondeadora.mx/projects/saudade, el procedimiento es muy intuitivo (aquí una imagen con los pasos), y también un demo del trailer -actuado por las estudiantes-, para transmitir una pizca del espíritu que acompaña SAUDADE. Un Gracias de mi parte, en lo que me corresponde por sentirme involucrado con el proyecto, por tu colaboración.

Mandariinid, de Zaza Urushadze

Hay películas, cada vez las menos, que nos toman de la mano para colocarnos ahí, respirando junto a los protagonistas, sumergidos en sus alegrías y tragedias, palpitando con cada sorpresa que se llevan y caminando minuto a minuto al desenlace que, resulte como resulte, será entrañable.

Es lo que consigue de manera brillante Mandariinid (2013), dirigida por el georgiano Zaza Urushadze. En ella nos acerca con tierna crudeza al microuniverso que gira alrededor de Niko, un viejo carpintero; Margus su vecino, dueño de una parcela de árboles henchidos de mandarinas; y dos combatientes rivales que por azar son rescatados y atendidos por los primeros tras quedar moribundos en una escaramuza.

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87 minutos le son suficientes a Urushadze, también autor del guion, para trasladarnos hasta las colinas de Abjazia, Georgia, en medio del conflicto bélico estallado tras la disolución de la URSS, y sumergirnos en las personalidades de cuatro disímiles hombres con sus luces y sombras, ilusiones y desfortunios. Aunque azotados por una realidad que les rebasa, luchan más allá de las armas e ideologías -hasta cierta parte incomprendidas- por conservar su dignidad.

Conozca más de este filme en el preciso artículo de Pablo Veyrat: ‘Mandarinas’, o la calma estonia en tiempo de guerra, y desde luego, anímese a verla, basta dar click para descargar (con subtítulos incrustados).

Heli, de Amat Escalante

Anoche -gracias a que ya está disponible para su descarga [aquí]- tuve oportunidad de ver por fin Heli (Amat Escalante, 2013), película que le consiguió a su director ganar nada menos que el Premio a Mejor Director en la reciente edición del Festival de Cine de Cannes.

¿Qué puedo agregar a lo ya comentado en una variedad de reseñas (destaco entre ellas la de mi querida Fernanda)? A mi parecer, es una película que estaba quedando pendiente a los realizadores nacionales, que si bien con producciones como El infierno o Miss Bala trasladan a la pantalla grande su perspectiva de la calamidad que resulta la narcoviolencia, no hurgaban a fondo en la entramada de repercusiones que conlleva, en lo que Escalante no se reserva y sin el menor de los pudores desde la primera escena nos advierte que lo que estamos por presenciar no viene edulcorado.

Podría objetarse que basta sintonizar los noticiarios o navegar por Internet para ser testigos de eventos más trágicos y crueles que los sucedidos a Heli, y no lo dudo. Pero lo que nos transmite la cinta es además una acertada lección, fuera de falsas moralinas, de que aún hay en México quienes repudian lo relacionado con hechos delictivos, de que ante la posibilidad de enriquecerse ilícitamente se valora el esfuerzo de una vida alejada a las drogas y la delincuencia, de que los valores no se predican en lo alto de las azoteas sino permean los actos más simples y cotidianos. Muchas veces a costa de la vida misma, de sufrir maltratos y vejaciones, desesperanza. Y a pesar de ello, habrá quienes se manifiesten incorruptibles. ¿Estamos en ese bando?

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No dude, si no la vio, descargar Heli, verla, estremecerse, sentirse solidario con tantos que a diario padecen lo que sucede a los protagonistas, y recuperar los motivos que pueda tener para seguir peleando, como atinadamente nos exhorta Denise Dresser.

Gravity, de Alfonso Cuarón

Pocas veces se tiene oportunidad de ser contemporáneo directo de la que a todas luces, con el tiempo, quedará catalogada como una de las mejores películas del Siglo XXI. Sí, apenas han transcurrido 13 años en este nuevo milenio pero por lo filmado hasta ahora, y lo grande que resulta GRAVITY en múltiples sentidos, no son palabras desprendidas por el fervor colectivo de momento.

Estrenada en la inauguración de la edición anual del Festival Internacional de Cine de Venecia el pasado mes de agosto, como reguero de pólvora fueron esparciéndose halagadores comentarios a su favor, mismos que florecieron al llegar por fin su estreno comercial en Estados Unidos -octubre 4-, algunos quizás despertando mayor expectativa en vísperas de su llegada a salas mexicanas. Por mencionar tan sólo uno: Why ‘Gravity’ Could Be the World’s Biggest Avant-Garde Movie.

Llegó la medianoche del 18 de octubre y decenas de salas a lo largo y ancho del país se abrieron para recibir a miles de ávidos entusiastas del cine de ciencia ficción, de las historias desarrolladas en el espacio, de quienes soñaron de niños con ser astronautas, de admiradores del trabajo de Alfonso Cuarón, constante en el medio desde 1991 con su Sólo con tu pareja. La emoción por descubrir un tesoro sin ser bombardeados con el paso de días de la variedad de opiniones de quienes ya la habían visto nos hizo a muchos apersonarnos cuanto antes en nuestra sala de 3D de preferencia para consumar el encuentro con la cinta.

¿De qué fuimos testigos durante 91 minutos? De una experiencia que desde la primera escena te traslada hasta el escenario en el que se desarrollará en su totalidad: el espacio y su inmensidad, donde como granos de arena en una extensa playa se desenvuelven dos astronautas afuera de su transportador haciendo trabajo de mantenimiento a un telescopio. Uno de ellos más metido en las tareas, la Dra. Ryan Stone (Sandra Bullock). Por su parte, el veterano comandante del equipo, Matt Kowalski (George Clooney), pasea maravillado ante lo que resultará su última misión, externando cuánto extrañará ver el amanecer de la Tierra desde fuera de ella, en una escena que nos evoca de inmediato el ambiente retratado por Kubrick en su epopéyica 2001: A Space Odyssey.

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Pero a diferencia de éste, y aun gozando de la magnanimidad que otorgan las nuevas tecnologías, Cuarón se refugia en el interior de sus personajes para desarrollar la historia, con uno principal (Bullock) y otro de comparsa que a los pocos minutos tendrán que separar sus destinos para que sea solamente el destinado a vivir, el que tenga asuntos pendientes qué atender o merezca una segunda oportunidad, quien asuma la misión de sobrevivir, y más que ello, volver a la Tierra tras un catastrófico accidente que los ha dejado a la deriva y sin el menor de los contactos con el resto de la humanidad. Por muy corto tiempo le corresponderá a Kowalski fungir como el Señor Miyagi o el Maestro Jedi Yoda de la Dra. Stone, y es imposible no traer a nuestro inconsciente emotivos momentos que guardamos de tutorías similares a lo largo de las películas que hemos presenciado y añoramos.

Para el momento de la emancipación de la discípula, estamos ya por completo sumergidos en su traje, y sin percatarnos, también  embarcados en una lucha por nuestra supervivencia a la que le quedan menos de 60 minutos para definirse. Esto no es cosa menor: las batallas externas del personaje, aleccionado con sabiduría por su efímero tutor, se contraponen a la interna: esa experimentación de una soledad más cabrona que la de estar salvando el pellejo a 400 kms. de distancia de la superficie terrestre. Los pocos momentos de conversación entre Kowalski y Stone nos permitieron conocer de su vida y su mayor pesar, y resulta imposible permanecer inalterable emocionalmente ante ello.

Es aquí donde aprecio la maestría de Cuarón en la conducción de la película: una más que atinada combinación de recursos tecnológicos, emocionales, psicológicos y hasta espirituales para ir tejiendo una resistente red en la que sin el menor de los reparos nos hace saltar, ayudado de una convincente interpretación de Bullock que sí bien nos tiene acostumbrados a verla en retos a contrarreloj desde Speed (1994; vaya usted a saber qué tanto tenerla en el inconsciente registrada como la compañera de Keanu Reeves en la misión de salvar aquel autobús nos ayuda a conferirle credibilidad en esta nueva hazaña), ahora nos conmueve con su fiel encarnación del papel que desempeña. Y aún en el momento de máxima soledad y abandono no fallece en su interior esa chispa de esperanza, latente en todo ser humano, que la lleva a tomar en sus manos -literal- las riendas de su salvación.

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La recta final de la película es lo más parecido a una carrera de obstáculos, apareciendo intrínseco el espíritu de Chariots of Fire y otras tantas cintas en donde el protagonista es exigido al máximo para alcanzar su cometido, pero éste ya goza de la unción de los dioses y la energía de los 300, 400 espectadores en cada sala que se suman en la consecución de objetivo, y no estamos dispuestos a ceder un ápice. Es tal la comunión de los presentes con la protagonista que el silencio reinante permite a la música de fondo adueñarse con plenitud de los sentidos y hacer lo suyo, como de magistral manera lo ha hecho en Star Wars, Superman, The Mission y muchas más. Una escena final llamada también a volverse icónica entre las tomas que marcarán una generación corona el espectáculo, triunfante al fin, al que cada espectador alrededor del mundo ha sido sometido.

Figuradamente “puede cerrarse el telón” pero ninguno podrá continuar su vida de la misma forma después de abandonar la sala.