Estadio BBVA Bancomer, (gravísimo) crimen ambiental

Disclaimer: antes de ser aficionado tigre, soy ciudadano de Nuevo León. Los comentarios a continuación vertidos no son en calidad de ‘fanático’, mucho menos ‘anti-rayado’; estoy convencido que si el estadio fuese del equipo al que apoyo, opinaría exactamente lo mismo. Publicado originalmente el 2 de agosto del 2015.

Cuando en septiembre del 2008 fue presentado oficialmente el proyecto para construir el nuevo estadio de los Rayados de Monterrey, comenzó una danza de especulaciones en torno a cuál sería el lugar más indicado para ello. Desde luego que resulta subjetivo establecer un criterio de “idoneidad”, más en una ciudad donde no rige criterio de desarrollo urbanístico alguno y se levantan construcciones a diestra y siniestra sin el menor cuidado siquiera estético, ya no digamos ambiental.

Entre las primeras localidades que sonaron estuvo la zona aledaña al Parque La Pastora, en el municipio de Guadalupe, el pulmón natural más grande del área metropolitana. Un lugar céntrico, una extensión de terreno suficiente para la obra, disponibilidad de las autoridades municipales para levantar la infraestructura vial necesaria para satisfacer la demanda vehicular, caray, hasta el Cerro de la Silla de fondo como adorno perfecto para no extrañar la tradicional panorámica del estadio del Tec. El único pero gran pero: dichos terrenos no sólo son propiedad federal, sino parte de un área natural protegida por la Semarnat.

Los reclamos de las asociaciones de cuidado medioambiental no se hicieron esperar cuando la entonces alcaldesa del municipio, Ivonne Álvarez, oficializó en conjunto con los directivos del club que sí, los terrenos de la Pastora eran los elegidos para erigir el inmueble, con un costo estimado de 200 millones de dólares y que comprometía a la institución a levantar también un parque ecológico en las inmediaciones para subsanar el impacto a la zona. ¿No sería más conveniente evitar “el impacto en la zona” NO CONSTRUYENDO semejante monolito en medio de un bosque urbano?

Porque se le vendió a la ciudadanía el argumento que dicha zona estaba abandonada, y construir el estadio en tal lugar resultaba un beneficio al entorno por donde se le viera. Lo que se ignora, con demasiada alevosía, es que tal zona en las últimas administraciones municipales y estatales se descuidó a tal modo que pudiera sostenerse como una necesidad que Femsa hiciera una obra de altruismo concediéndole a tal sector el honor de levantar allí su hogar. ¿Sabe usted cuánto pagó Femsa a cambio de los terrenos? NADA. Le fueron cedidos en comodato por 60 años por Rodrigo Medina, con el aval del congreso local.

Ante tal esplendidez seguía siendo un obstáculo el carácter de área natural protegida de los mismos, pero como señala @guffocaballero, “en Nuevo León la vida silvestre no vale nada; aquí el verde que importa es el de los billetes y los envases de vidrio para guardar cerveza regia/holandesa”. La orden de destrabar las autorizaciones llegó directamente del ejecutivo -léase Felipe Calderón- y el 1 de enero de 2013 se hace oficial que se otorgaron los permisos necesarios para que se realice la edificación. El daño al patrimonio ecológico tenía bandera blanca para comenzar a consumarse.

Este texto no pretende convencer a nadie de lo artero que resultó para el área metropolitana entera el anteponer una necesidad social particular -contar con un centro de esparcimiento- al cuidado de su medio ambiente y preservación de los pocos espacios naturales que amortiguan la cada vez mayor contaminación que está salida de control. Pero como vivimos en el país del engaño, ¿para qué preocuparnos por el aumento de contaminantes en la zona cuando se puede simplemente mandar cerrar la estación de monitoreo? ¿Qué importancia puede tener el hábitat de 106 especies de animales cuando en su lugar habrá un templo del deporte más popular del país para 51,000 creyentes? ¿Cómo renunciar al glamour que significa una edificación de tal relieve -definida por el mismo EPN como un nuevo icono de la ciudad- a costa de mantener una centenaria zona ecológica? ¡Qué pereza!

Hoy de distintos puntos de la ciudad arribarán miles de aficionados rayados a disfrutar de una instalación de primer mundo. Cada uno de ellos pagó su entrada, no para este partido inaugural, sino para todo el año futbolístico por venir. Tomarán su asiento y gozarán de un excelso panorama viendo en el terreno de juego a 22 deportistas haciendo lo suyo por cumplir con el protocolo de la fiesta que hoy llega a su culmen. Comerán y beberán con singular alegría y tras las cinco, diez fotos de rigor y la infaltable selfie volverán contentos a su hogar, ansiando pasen pronto los días hasta su siguiente cita en el BBVA. En ellos no descansa la responsabilidad de asesinar una área natural protegida de manera tan impune; ésta pesará en las conciencias de funcionarios y empresarios, que me pesa reconocer, les vale madre haya sido así, y sus sonrisas de oreja a oreja durante la ceremonia de inauguración lo dejó ver. Nada extraño en el país de la corrupción, la opacidad y el cinismo.

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(Imagen: Yolanda Rosales)

Tiempos

Este 2016 me comenzó con el diplomado en Teparia de Reconstrucción Experiencial, impartido por una pareja de psicólogos, Sergio y Rosario (colegas y esposos), del que tenía conocimiento al menos desde 2006 por un amigo muy cercano, y que hasta 10 años después -todo llega en su preciso tiempo- tengo oportunidad de vivir.

Y es a propósito de los «tiempos» por lo que escribo esta reflexión. En el texto principal de apoyo, escrito por los instructores como un breviario de sus conclusiones académicas y experienciales, me encontré con el extracto que comparto a continuación:

«Hay un tiempo para escuchar, hay un tiempo para entender, hay un tiempo para ser no-directivo, hay un tiempo para ser directivo, hay un tiempo para confrontar, y un tiempo para renunciar al cambio, hay un tiempo para reírse a carcajadas y un tiempo para llorar, hay un tiempo para odiar, y finalmente hay un tiempo para perdonar, hay un tiempo para decir adiós, y un tiempo para dar la bienvenida, un tiempo para observar, y un tiempo para cambiar».

Desde esta perspectiva, la vida es un entramado de «tiempos» que se van sucediendo unos a otros, a veces de modo fluido y natural, a veces abrupta y desorganizadamente, tomándonos desprevenidos y sin recursos para asumirlos a la altura de las exigencias.

La cosa se complica al percatarnos que ¡toda la humanidad está imbuida en dicha dinámica!, de modo que -pasa con frecuencia- nuestros tiempos no son los de los demás y se da el habitual caso (por citar uno de los ejemplo más típicos) del «No eres tú, soy yo». Y así para tantas circunstancias del desenvolvimiento social.

¿Cuál es tu «tiempo» actual? ¿Te has dado tiempo -valiosa redundancia- para descubrirlo, apropiarlo, valorarlo? Contrario a ello, da la impresión que vivimos «a las prisas», al «ahí se va», consumiéndonos en lo afanes propios sin el menor margen para un respiro, para el autoconocimiento, y más necesario incluso, el ‘autoamor’.

Es de hecho, este escrito, un acto tangible de mi necesidad por emanciparme de las prisas y ahísevases, de hacer un alto en la rutina que me absorbe y reconocerme como un ser ávido de expresarse, de plasmar en palabras sus sentimientos, inquietudes y debrayes, de valorar la importancia que puedan tener éstos para otros que como yo, también se declaran rebeldes de la inercia y le dedican unos cuantos minuto a leer esta líneas.

Venga, pues, la sublevación contra el acartonamiento cotidiano y aprovechemos el comienzo de un nuevo mes como trampolín que nos catapulte a un mejor vivir. ¿Te animas? Yo también.

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(Foto cortesía de Vero)

Treinta Y siete

Durante varios años he tenido el hábito de escribir algunas palabras el día de mi cumpleaños. Esta ocasión, aunque ya pasó la fecha, no quiero dejarlo pasar. Por fortuna en las últimas semanas he tenido mucho trabajo, además del que desarrollo con INDAT. La oportunidad de trabajar a distancia con ellos me permite organizarme para seguir con el desarrollo de sitios web powered by WordPress y algunas cosas más vinculadas a la comunicación digital en las que participo con gusto y la avidez de seguir aprendiendo.

Sin embargo, este 2016 se han inmiscuido un par de actividades más a la agenda anual, que he conseguido empatar con todo lo eminentemente laboral, y claro, los momentos de actividad física que también han tenido parte central de febrero a junio, que estuve acudiendo a una clínica de rehabilitación cercana a mi hogar. Pues les decía, por un lado, comenzar un Diplomado en una técnica psicológica denominada «Terapia de Reconstrucción Experiencial», impartido por Sergio y Rosario, un par de psicólogos de Irapuato amigos del padre Jaime, que son una joya de seres humanos. A raíz de este reencuentro con mi ‘ser-psicólogo’ vengo considerando con gran seriedad el ejercer mi profesión en próximos meses, pero ese es tema para otra ocasión.

Y por otro lado, durante abril-junio tomé un taller en línea de escritura de primera novela, en Skribalia, una escuela mexicana de reciente inicio que me convenció por la calidad de los profesores que aglutinó. Impartió el taller Guillermo Vega, que si bien no tenía referencias de él, su trayectoria lo respalda y quedó demostrado en cada una de las 8 sesiones que consistió el coaching recibido. Puedo decir con orgullo que de la vaga idea de «un joven, huyendo de sus perseguidores, termina en una embarcación con rumbo desconocido» tengo ya el argumento y estructura de una novela «hecha y derecha». Y ahora sí, a escribir, en lo que espero también estar dedicado esta segunda mitad del año.

Termino estas líneas compartiéndoles una declaración de intenciones: la de viajar a fines de año a Buenos Aires y pasar unas semanas en aquella ciudad (y puntos circunvecinos), contando para ello con la atención de mi amiga Ingrid, su familia y amistades, a quienes desde ya considero como mías. Será un gran reto no de supervivencia sino de felizviviencia que quiero concederme y por lo que estoy desde hace semanas haciendo lo conducente para concretarlo. Hay una teoría que dice que compartir nuestros propósitos es una herramienta para ayudarnos a cumplirlos, y para éste en particular agradezco sus buenos deseos 🙂

Concluyo adjuntando una fotografía de días pasados, tomada por mi amiga María C. (quien tuvo también el espléndido detalle de regalarme el delicioso pastel). La compartí al día siguiente en IG con estas palabras, que aprovecho para despedirme.

Hay que luchar por los deseos,
pero a veces también se vale pedirlos.

cumple

Pd. LOS QUIERO

#24A

Desde hace un par de semanas al menos se ha ido llenando de a poco y cada día con mayor energía el timeline de mis redes sociales con información y opiniones sobre la Movilización Nacional contra las Violencias Machistas, a realizarse este domingo 24 de abril en más de 30 ciudades del país.

Considerado por las organizadoras como la primera gran convocatoria en México para tomar las calles y visibilizar una problemática generalmente ninguneada y hasta estigmatizada como es la Violencia de género, ha recibido incluso el apelativo de #PrimaveraVioleta. Basta revisar el hastag #VivasNosQueremos para echar un vistazo al impacto y entusiasmo despertado por la iniciativa.

Luego de haber compartido el pasado martes el flyer de la convocatoria en Monterrey (4:30 pm, Fuente de Neptuno), me despertó el entusiasmo por acudir en calidad de acompañante solidario de un colectivo que, a pesar de su volumen y dignidad que como ser humano merece, vive atropellado por las conductas conscientes e inconscientes de la otra parte de la humanidad, los hombres, más en un país como el nuestro que, hasta culturalmente (Peña Nieto dixit) pareciera permitirlo.

Al día siguiente y leyendo opiniones de feministas activas y mujeres comprometidas con dicha causa, me pareció por prudencia desistir de mi idea. «Es su día, es su marcha, es su #PrimaveraVioleta, no estamos invitados», razoné. También leí del riesgo, al que muchos y muchas estamos expuesto, de -dicho muy coloquialmente- «subirnos al carrito» de las causas sociales en apogeo para proyectar nuestro personalismo, quedando rebajada lo social del asunto a costa del ego. Es una delgada línea que nadie está exento de atravesar y, conociéndome, me ha sucedido en más de una ocasión.

Sin embargo, me encuentro después con estas palabras de mi amigo Édgar Velasco, que copio textualmente porque me identifiqué de inmediato y me ayudaron a sacudir el prejuicio por involucrarme en el #24A:

El domingo voy a asistir a la Movilización contra las Violencias Machistas. Yo no padezco a diario este tipo de violencias —nadie me grita cosas en la calle, ni me nalguea en el camión, ni me muestra su miembro por la calle, por mencionar las más cotidianas—, pero me sé parte de un modelo de vida que las ha propiciado, propagado y perpetuado.

Creo que uno de los grandes males que nos aquejan como mexicanos es la falta de empatía al dolor y/o a los problemas del otro. Me da la impresión de que todos estamos concentrados en nuestras causas —el derecho al aborto, el matrimonio y la adopción homosexual, la legalización de las drogas, los desaparecidos, contra la guerra contra el narco, la exigencia de ciclovías y anoten aquí la que ustedes quieran—, pero desacreditamos o nos dan hueva las causas de los otros. Me parece que el día que decidamos involucrarnos en las causas de los otros, cuyos problemas también nos afectan lo queramos o no —nos demos cuenta o no—, ese día las cosas van a empezar a cambiar.

En fin, todo el rollo era simplemente para invitarlos, amigos, a que se sumen. Vamos a acompañarlas. Y cambiemos aquello que nos toca cambiar. Por ellas, sí, pero también por nosotros.

Este post no pretende expiar culpas, hay otros tantos medios para hacerlo. Pero me reconozco, tanto parte de un modelo de vida que ha propiciado, propagado y perpetuado conductas machistas, como generador de las mismas. He intentado imponer e impuesto mi «hombría» entre el círculo de mujeres más cercanas que me rodean, entre aquellas con quienes he tenido relaciones afectivas, entre mis amigas, incluso con otras que con el hecho de manifestarme simpatía ha sido suficiente para actos machistas de mi parte. No es sencillo reconocerlo, y hacerlo no soluciona nada. Me lo dijo una vez una amiga: «No pidas perdón, actúa diferente». Y como en tantas otras conductas patológicas, no es hasta cuando ya lo hiciste cuando descubres que la volviste a regar, que no debiste hacerlo, que no habrá una próxima… cuan falso es.

Así que para mí estar mañana en la Macroplaza entre la multitud de mujeres, algunas de ellas amigas y conocidas en redes sociales, tiene en particular 3 connotaciones: compartir, admirar y acompañar. Quiero un México en el que mis sobrinas puedan tomar cursos de música, clases particulares, ir de campamento, salir a la tienda, tomar transporte público sin la zozobra de ser acosadas por el profesor, por el instructor, por el vecino, por los compañeros de escuela. Uno donde se sientan con la capacidad de no callarse, de saberse escuchadas y con poder, sí, PODER de denunciar. Uno donde mis hermanas, mi madre y tías, mis amigas puedan andar en la calle sin temor al manoseo o acoso verbal, donde se les valore por sus capacidades y no por su sonrisa o sus piernas. Uno donde los hombres comprendamos que el serlo no es un pasaporte para imponer nuestra voluntad y caprichos, donde el respeto y la equidad sean los principios que rijan la convivencia no digo entre sexos sino entre seres humanos. Uno en donde la Violencia de Género no sea ninguneada, donde la violencia sexual no sea algo que deba callarse, donde haya justicia para estos delitos.

¿Salir mañana a manifestarse y adherirse a esta #PrimaveraVioleta es un paso a favor de conseguirlo? Pensar que sí ya es el primer paso.

vivas

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Comparto estos enlaces para quien desee seguir profundizando en el tema:

Un día -no- cualquiera

Pudo ser hoy un día cualquiera. Uno como tantos que despierto a las 6 de la mañana, medio descansado como me sucede desde hace meses, que los espasmos y contracturas musculares no me permiten pasar una noche tranquila. Uno en el que desayuno apresurado a la vez que comienzo a adelantar trabajo -alguno de tantos- para que «el tiempo alcance». Uno en el que pasadas las 10 am aparecen las consecuencias de no dormir bien y me siento vencido por el sueño, aparto la laptop y cierro los ojos 20, 30 minutos. Uno en el que para cuando acuerdo ya son las dos de la tarde y traigo rezagados dos pendientes de esos que tenían que quedar listos a ‘media mañana’.

Un día en el que aún con la avalancha de trabajo encima y la inapetencia por hacerlo, rompo el ritmo y me tomo el tiempo de recostarme para cambiar de postura -¡al fin! cuando tendría que hacerlo cada par de horas-. Uno en el que pretendo ignorar el celular y desconectarme por unos minutos, pero resulta imposible entre responder correos, leer artículos pendientes y claro, distraerme en las redes sociales. Uno en el que vuelvo a trabajar pasando las 4 y 10, con la mente despejada y esperando -ahora sí- terminar con los pendientes; ya ni siquiera a una hora determinada: simplemente no cargar con ellos para el día siguiente. Uno en el que la visita de Olga, Paula y hasta Renata le otorgan esa dosis de alegría y ruido más allá que el que provoca el ventilador.

Un día en el que, con los años, he ido dejando -de a uno por uno- de ver a mis hermanos entrar y salir de esta habitación para dirigirse a la casa, en el que he atestiguado cada amanecer una cana más en la cabellera de mi padre o una arruga más en el rostro de mi madre, y menos fuerza en sus esfuerzos para cambiarme o pasarme a la silla. Uno en el que algunos amigos dejaron de estar y otros han alzado la voz y los sé ahí, cercanos y atentos cuando se necesita. Uno en el que se pasó el día entero y no me regalé un momento para hacer ni siquiera una de las tres cosas que tengo años disfrutando hacer: leer un libro, ver una película, escribir. Uno en el que llegando las 10 de la noche tengo que interrumpir lo que esté haciendo y pedirle a quien esté más al alcance que me ayude a recostar, para seguir rumiando el día en lo que el sueño llega, que suele ser hasta que aparecen los primeros minutos del siguiente.

Hoy está siendo diferente. Hoy transcurre recordando que hace 15 años, un día que pudo ser como cualquier otro en la vida de un joven de 21 años no lo fue, y desde entonces me tocó la suerte -así, dicho en plena literalidad de la palabra- de seguir viviéndola en Modo Experto. 15 años que son el escalón perfecto para los 15 próximos, y voy por ellos, de hoja por hoja, de a día a día, unos más iguales que otros pero sin que ninguno pase en vano. A veces costando sonreír, pero siendo más sencillo hacerlo con personas como ustedes a mi lado. Por su infaltable cariño las veces que ha hecho falta y sobre todo, cuando no: GRACIAS.

domingo9