Elefante

De grande quisiera ser un elefante. Tener una piel gruesa, que soporte lo agreste del exterior pero a la vez sensible y atenta a las alertas del medio ambiente. De orejas útiles para ventilarme y autorregular mi temperatura. Con la capacidad de emitir sonidos a baja frecuencia, casi silenciosos pero suficientes para comunicarme con quienes me rodean. Con una trompa larga y educada para socorrerme en una variedad de tareas. Con una gran apego a la rutina, pero abierto a la novedad de cada día, como revolcarme en una cuenca de lodo o darme una ducha de polvo para mitigar las picaduras de insecto. Dispuesto a recorrer grandes distancias cuando de buscar alimento y sobrevivir se trata. Con carácter apacible y paciente, pero presto a barritar para proteger a los míos y alertar a mi manada de cualquier amenaza. Y sobre todo, con una memoria prodigiosa y un corazón fiel, que guarden por décadas los recuerdos más emotivos que vaya recogiendo en mi existir, los que me vuelvan sabio, tan sabio como para reconocer el momento en que la muerte me llame a rendirle cuentas y presentarte satisfecho ante ella.

Por todo esto, de grande quisiera ser un elefante.

******

Fotografía por Daniel Reyes