La isla

Tengo varios días con un sueño muy extraño. Me encuentro en la orilla en la playa de arena fina y a la que llegan olas tranquilas. El sol está despuntando y se asoma a mi izquierda, así que levanto el brazo sobre mi cara para cubrirme sus rayos. Al fondo, monumental, se yergue una pequeña isla, que no importando su tamaño luce presuntuosa en medio de aquella costa. Para volver el escenario más majestuoso, la estela de una nube cubre su cima, de tal manera que el islote cobra una fastuosa apariencia desde la distancia.

Segundos después, despierto. Ya no estoy en la playa, me encuentro ahora en una caleta pequeña y rocosa, en la que golpea el mar. Me giro y a mi espalda encuentro un monolito en partes enyerbado, en partes desnudo. Descubro que la caleta es un apéndice de aquella formación, y al mirar a lo lejos diviso una serena playa, vacía, uniforme, que emana una tranquilidad envidiable. No tardo mucho en darme cuenta que es la playa donde estaba unos momentos antes, y que ahora estoy en la isla que había visto desde aquel lugar. ¿Cómo llegué hasta ahí? Y más intrigante aún: ¿cómo saldré de aquí? Es una escarpada pared de roca la que une la isla con la caleta, y hasta donde me permite la vista, no hay playa alguna en la isla a la que pueda llegar nadando. Conforme atardece descubro que el agua empieza a cubrir la caleta, y la lama que la habita me da indicios que en cuestión de horas quedará por completo sumergida.

Bastó que el sol se escondiera por completo para que el agua comenzara a mojarme los tobillos. No había modo humano de seguir aferrado a la caleta, sólo tengo una opción si quiero continuar con vida. Me zambullo de un clavado en mar abierto y comienzo a nadar desesperado con dirección a la playa, hasta donde las fuerzas me lo permiten, hasta donde me es posible nadar sin desfallecer.

Despierto y estoy en la orilla de una playa. Con la ropa completamente empapada y una sed y sensación de saladez en la boca que no puedo con ella. El sol se asoma por mi izquierda, y con mi brazo cubro mi cara de sus rayos. Una sensación de deja vu me golpea enseguida. Me tallo los ojos y mi mirada termina cruzándose con una petulante isla que en su cima está cubierta con una nube. Suelto una carcajada. El resto de la historia ya la conozco.

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Fotografía por Islandia Marina

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