#QuédateEnCasa: Cuando lo pidieron, ya estábamos allí


Éstos encontraban un consuelo en sus momentos difíciles imaginando que había otros menos libres que ellos. «Hay quien es todavía más prisionero que yo», era la frase que resumía la única esperanza posible.

Albert Camus, La Peste

Para cuando el Gobierno de México anunció la Jornada Nacional de Sana Distancia del 23 de marzo al 30 de abril (extendida después hasta el 30 de mayo), propagando el mensaje de «quedarse en casa» como parte de la contingencia por el Covid-19, muchos mexicanos y mexicanas ya teníamos meses, años, incluso décadas de estarlo cumpliendo. Me refiero a las personas con discapacidad, que según la Organización Mundial de la Salud es alrededor del 10% de la población, quienes encontramos con frecuencia una variedad de obstáculos para tener un desenvolvimiento aceptable fuera de nuestra vivienda. 

Incluso vivir en el municipio «más rico» —y más caro— de México, San Pedro Garza García en el estado de Nuevo León, no es garantía de evitar las escasa accesibilidad en banquetas, cruces peatonales e infraestructura pública, característica de muchos núcleos urbanos en el país . Es lo que ha vivido Cor Weigend, sanpetrina con Parálisis Cerebral Infantil, que si bien su familia cuenta con vehículo para trasladarla a terapia, centros comerciales, con amistades, y a sus entrenamientos de fútbol powerchair, para «retar al sistema» ocasionalmente sale por la colonia con ayuda de su hermano, encontrando banquetas en mal estado, sin esquinas diseñadas para subir en silla de ruedas, cruces de avenidas imposibles de hacer sin exponer la vida… lo cual la enoja y frustra. Tanto que junto con su mamá cursó hace poco un Diplomado en Accesibilidad, para nutrirse académicamente y alzar la voz contra dichas desavenencias con mayor sustento.

Banqueta inaccesible en un punto céntrico de San Pedro, NL

Eso cuando tienes la posibilidad de disponer de un vehículo particular para los traslados. Ya que por el lado del transporte público en el área metropolitana de Monterrey, capital de Nuevo León que alberga más de cuatro millones de habitantes, el panorama no es alentador. Tanto que una de las banderas asumidas por el Consejo Ciudadano para Personas Con Discapacidad de Nuevo León ha sido pugnar porque se respete y se materialice el principio fundamental de no discriminación y el derecho al libre tránsito, que, por insistencia del propio Consejo y colectivos afines quedó plasmado en la Ley de Movilidad Sostenible y Accesibilidad para el Estado de Nuevo León aprobada en enero pasado, quedando exigido un 20% de unidades accesibles a los concesionarios del transporte. Aún con el poco volumen que equivaldrían una de cada cinco unidades accesibles, suena magnífico ante la insuficiencia e inconsistencia de las políticas públicas en materia de movilidad accesible, palabras con las que las describe Patricia Martínez Lozano, regiomontana con Mielomeningocele y actual presidenta del Consejo.

«Hay pequeños esfuerzos que duran los tres años del gobierno municipal, intentos que no se hacen a profundidad, o quedan inconclusos. Pero llega una nueva administración, no lo considera importante, y bye. No hay un plan general obligatorio, algo indispensable para poder alcanzar las metas», señala Patricia. Considera que para alcanzar un transporte público accesible se necesita establecer metas, objetivos, y tiempos específicos y obligatorios, en continua revisión y actualización, donde cada nivel de gobierno cumpla su parte; incluso se aventura a bosquejar la necesidad de que en el Instituto de Movilidad y Accesibilidad de Nuevo León (creado a partir de la nueva ley) haya un departamento vigilante de tal estrategia. «Me vuelo y me emociona pensarlo», dice Paty, a quien admiro por su optimismo y voluntad de sacar lo mejor de cada circunstancia.

Entrega de mínimos indispensables de accesibilidad para la Ley de Movilidad, julio 2019

Para Ixtoc Hinojosa Gándara, abogado, Doctor en Filosofía con Orientación en Ciencias Políticas, y con Esclerosis Múltiple Primaria Progresiva, este confinamiento obligado permitió —no por las razones ideales— que las personas con discapacidad motriz observaran con mayor facilidad el #QuédateEnCasa. Opina que si bien la Ecovía y el Metro, sistemas de transporte del Estado, puedan alcanzar alguna mención favorable por sus regulares condiciones de accesibilidad, las mismas se van por la borda al ser inexistentes en el transporte concesionado, que ocupa el porcentaje primordial de la red metropolitana. Bajo tal panorama, refiere que «me pareció hasta una broma de mal gusto el que le pusieran Instituto de Movilidad y Accesibilidad al nuevo órgano regulador del transporte». La cereza de la ironía.

Este confinamiento obligado permitió —no por las razones ideales— que las personas con discapacidad motriz observaran con mayor facilidad el #QuédateEnCasa

Ixtoc Hinojosa

Estadísticas del Consejo Nacional para la Prevención de la Discriminación señalan que al menos 40% de las personas con discapacidad en México se han sentido discriminadas en la calle o transporte público. La imposibilidad de una accesibilidad digna y eficiente coarta la posibilidad y oportunidad de contar con recursos de salud, educación, trabajo y esparcimiento. Tenemos, como testigo transferido de la «Normalidad» (a secas) a La Nueva Normalidad, mucha tarea para reducir tales condiciones de inequidad e injusticia hacia las personas con discapacidad: queremos, como todos, poder salir de casa cuando sea posible.

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