Silvio y yo

Tan cerca… y tan lejos (de nuevo)

Corrían los finales de agosto del 2013 y mientras realizaba investigación para un proyecto, menuda sorpresa me llevé al enterarme que se anunciaba un concierto de Silvio Rodríguez en Guadalajara para marzo próximo. De inmediato comencé a indagar si estaban anunciadas fechas en el Distrito Federal, sin éxito alguno. Ni siquiera abrigué la menor idea de que pudiera presentarse en Monterrey: «no es plaza», confesó una noche de antro el dueño de un espacio trovero regiomontano e impulsor de este género musical por años. —Traer a Silvio cuesta 100,000 dólares, nos contó El Pájaro. —No los tengo, y quien los tiene no los va poner por temor a no recuperarlos. Pero no fuera el puto de Ricky Martin…

Un par de meses después se oficializaba la gira de Silvio por México: Distrito Federal, Guadalajara y Monterrey contempladas en el recorrido: LA LOCURA. De suponerse, luego de lo contando en las páginas anteriores, la inmensa emoción que me llenó el corazón al imaginarme escuchándolo, en vivo, de nuevo. No me va ser posible conformarme con verlo una sola vez –pensé- y de alguna manera me las ingeniaré para acudir también a su concierto en el DF o Guadalajara, dando por hecho que asistir al de Monterrey era más que un poder, una feliz obligación. Añádase recibir a fines de año una llamada de Jaime Reyes poniéndome al tanto de la noticia (apenas se enteraba de ella) y expresándome que no podíamos perdérnoslo, conocedor de mi amplio gusto por su música. Ya en una visita a la perla tapatía Jaime me había llevado a conocer al mismísimo Alberto Escobar, compositor de la maravillosa canción Coincidir, pero esa es historia para otra ocasión.

En vista de que no tenía la menor idea que cómo transcurrirían los primeros meses del año, tomando en cuenta la serie de consultas que emprendí a partir de diciembre en el Instituto Nacional de Rehabilitación de Tlalpan, no puse el menor de los empeños en adquirir con anticipación mi entrada para el concierto de Silvio en mi ciudad, programado para el 22 de marzo. Regresando de la segunda consulta en dicha institución, la segunda semana de enero, acudí a valoración con uno de los cirujanos que me ha estado atendiendo desde mayo del 2012, sin esperar que me convidara a realizarme una operación pendiente «lo más pronto posible», aprovechando mi buen estado de salud, y encontrando como fecha propicia en su agenda el 17 de febrero. La operación, si bien no complicada, ameritaba al menos dos semanas de internamiento, y cuatro más en reposo, entiéndase no sentarme -mucho menos salir de casa- para garantizar el cuidado de la intervención. Igual que al Peje, no me salían las cuentas: operarme tal día equivalía en automático desechar la oportunidad de escuchar a Silvio en vivo en cualquiera de sus presentaciones por el país. Y acepté. Luego de seis años padeciendo por no decidir lo correcto en cuanto al cuidado de mi salud, lo mínimo que podía era aceptar la propuesta.

Con gran regocijo he compartido el gusto de mis amigos que pudieron acudir a los conciertos. El muy cabrón de Jaime hasta osó enviarme un mensaje momentos previos a que arrancara la presentación en GDL: «Faltas tú». Antes de la operación un muy buen amigo regio, Chuy, me insistió en que no podía perdérmelo, que gustosamente me invitaba para saldar la invitación que le había hecho yo al de Ismael Serrano en mayo pasado, y que cualquier cosa que necesitara de atención durante el concierto estaba disponible para brindármela. Pero el suponer pasar al menos tres horas sentado entre el salir-concierto-regresar y que ello hubiera repercutido en lo más mínimo en mi salud es un reproche con el que ya no me siento en capacidad de cargar, y por lo mismo decliné a la apetitosa oferta. El sábado me transcurrió envuelto en una extraña melancolía, tal que decidí apacigüarla con el escrito que estoy por concluir. Escuché en Youtube uno de sus conciertos en Chile, una entrevista con Amaury Pérez y el disco Al final de este viaje, uno de mis preferidos de su discografía. Terminó el día acompañado de la esperanza de que se me presentará en un futuro la oportunidad escucharlo en vivo, en La Habana (¿por qué no?), y la disfrutaré y me emocionaré tanto como aquel sábado de abril del ‘96 cuando llegó hasta mis oídos por vez primera el arpegio con el que arranca Ojalá.

Victor Esparza04

Un comentario sobre “Silvio y yo”

  1. Buen Victor. Me sorprendes más allá de las palabras. Más allá del coincidir.de la experiencia. Hasta la sintonia. Te quiero mucho. Te mando abrazos

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