Un día -no- cualquiera

Pudo ser hoy un día cualquiera. Uno como tantos que despierto a las 6 de la mañana, medio descansado como me sucede desde hace meses, que los espasmos y contracturas musculares no me permiten pasar una noche tranquila. Uno en el que desayuno apresurado a la vez que comienzo a adelantar trabajo -alguno de tantos- para que «el tiempo alcance». Uno en el que pasadas las 10 am aparecen las consecuencias de no dormir bien y me siento vencido por el sueño, aparto la laptop y cierro los ojos 20, 30 minutos. Uno en el que para cuando acuerdo ya son las dos de la tarde y traigo rezagados dos pendientes de esos que tenían que quedar listos a ‘media mañana’.

Un día en el que aún con la avalancha de trabajo encima y la inapetencia por hacerlo, rompo el ritmo y me tomo el tiempo de recostarme para cambiar de postura -¡al fin! cuando tendría que hacerlo cada par de horas-. Uno en el que pretendo ignorar el celular y desconectarme por unos minutos, pero resulta imposible entre responder correos, leer artículos pendientes y claro, distraerme en las redes sociales. Uno en el que vuelvo a trabajar pasando las 4 y 10, con la mente despejada y esperando -ahora sí- terminar con los pendientes; ya ni siquiera a una hora determinada: simplemente no cargar con ellos para el día siguiente. Uno en el que la visita de Olga, Paula y hasta Renata le otorgan esa dosis de alegría y ruido más allá que el que provoca el ventilador.

Un día en el que, con los años, he ido dejando -de a uno por uno- de ver a mis hermanos entrar y salir de esta habitación para dirigirse a la casa, en el que he atestiguado cada amanecer una cana más en la cabellera de mi padre o una arruga más en el rostro de mi madre, y menos fuerza en sus esfuerzos para cambiarme o pasarme a la silla. Uno en el que algunos amigos dejaron de estar y otros han alzado la voz y los sé ahí, cercanos y atentos cuando se necesita. Uno en el que se pasó el día entero y no me regalé un momento para hacer ni siquiera una de las tres cosas que tengo años disfrutando hacer: leer un libro, ver una película, escribir. Uno en el que llegando las 10 de la noche tengo que interrumpir lo que esté haciendo y pedirle a quien esté más al alcance que me ayude a recostar, para seguir rumiando el día en lo que el sueño llega, que suele ser hasta que aparecen los primeros minutos del siguiente.

Hoy está siendo diferente. Hoy transcurre recordando que hace 15 años, un día que pudo ser como cualquier otro en la vida de un joven de 21 años no lo fue, y desde entonces me tocó la suerte -así, dicho en plena literalidad de la palabra- de seguir viviéndola en Modo Experto. 15 años que son el escalón perfecto para los 15 próximos, y voy por ellos, de hoja por hoja, de a día a día, unos más iguales que otros pero sin que ninguno pase en vano. A veces costando sonreír, pero siendo más sencillo hacerlo con personas como ustedes a mi lado. Por su infaltable cariño las veces que ha hecho falta y sobre todo, cuando no: GRACIAS.

domingo9

Un comentario sobre “Un día -no- cualquiera”

  1. Así suelen ser los días como cualquier otro, hasta en día que no lo es.
    Te mando un abrazo Víctor. \o/

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