Recuérdenme

Cuando muera, recuérdenme no por la persona que fui, sino por la que quise ser.
Recuérdenme no por una silla de ruedas, sino por los brazos que no se cansaron de moverla.
Recuérdenme no por una barba desaliñada, sino por la sonrisa, a veces escueta y otras desparpajada, que dejaba ver una dentadura chueca e incompleta.
Recuérdenme por la música que escuché, los libros que recomendé, las películas que vi una y otra vez.
Recuérdenme por las ilusiones que albergué, los sueños truncos, los bofetones que la realidad me dio cuando las expectativas se quedaron cortas.
Recuérdenme por tonto, atrabancado, imprudente, tosco, sonso, muchas veces impertinente pero pocas mal intencionado.
Recuérdenme por las risas, las anécdotas, los tacos y cervezas que compartimos.
Recuérdenme por las ganas de cambiar poquito el mundo, por la desesperación de no poder correr para conseguirlo.
Recuérdenme incluso por las veces que les quedé mal, que fallé a mi palabra, que no devolví el cariño que me brindaron.

Hoy, henchido de vida, se los pido: cuando muera recuérdenme.

El mar

Me gusta visitar de vez en cuando el mar para recordar de qué trata la vida. Es que hay tantas lecciones que nos regala con tan sólo admirarlo. Pero no con una mirada juiciosa, altiva: se necesita una mirada humilde, necesitada de aprender. Sigue leyendo El mar

Atardecer

Te pedí que recordaras el más bello atardecer que habían contemplado tus ojos. Me gustaba ver tu cara cuando te hacía todo tipo de preguntas extrañas, inesperadas. Esa ocasión no fue la excepción. Como pudiste, sonreíste y levantaste ligeramente la cabeza, buscando en esa parte del cerebro donde se guardan los recuerdos, el más bello de los atardeceres acumulados. Sigue leyendo Atardecer